jueves, 31 de octubre de 2013

• INTERVENCIONES PEDIÁTRICAS Y PSICOPEDAGÓGICAS EN EL BARRIO LA COSTILLA •

Comenzó el año 2013, y a mediados del mes de abril, comenzamos a visitar el Barrio La Costilla en Rincón de Milberg, invitados por el voluntariado del Instituto La Salle que allí concurría. Sábado a sábado, descubríamos que las necesidades y las problemáticas a enfrentar eran enormes y complejas. ¡Todo un desafío! Y allí, nuestro equipo de Unidos en el Camino dijo presente, y decidimos sumarnos en este camino, junto a los padres y alumnos del voluntariado para poder trabajar en red.

Al ir, estar, buscarlas en el barrio, se fueron creando lazos de confianza, y con la excusa de alguna consulta pediátrica, las madres se fueron acercando, las adolescentes traían a sus bebes, y las niñas ya adolescentes, nos esperaban cada sábado para hablar y contarnos un poco de sus vidas. Así, comenzaron nuestras distintas intervenciones profesionales en el barrio La Costilla.

Desde lo Pediátrico, asesorando a las madres adolescentes en cuanto a la lactancia, en cuidados de primeros auxilios, en crianza. 
Hablando con los adolescentes de sus inquietudes, el consumo de droga y alcohol.
Viendo el alto indice de mamás de apenas 15 y 16 años, comenzamos a realizar los talleres de sexualidad, con adolescentes entre 10 y 14 años, un espacio que nos permitió hablar desde métodos anticonceptivos, cómo respetarnos y hacernos respetar, hasta sus expectativas, sentimientos, y sus angustias en situaciones no deseadas. Espacio que nos permite trabajar en ellas, la valoración de su persona, proyectos de vidas, y asesorarlas en como denunciar situaciones de abuso o maltrato. 

A la par, el grupo de Psicopedagogas que escuchaba y dialogaba con las madres,  detectaron una gran necesidad de compartir  sus preocupaciones y sus miedos en relación a estos mismos temas que se trabajan con los adolescentes, como así también el abuso y el maltrato, la desprotección, las dificultades que tienen sus hijos para aprender y la deserción escolar, aprovechando ese espacio para acompañarlas y orientarlas en su desarrollo personal, en la crianza y escolaridad de sus hijos.

Sin duda hay muchísimo por hacer, esto es sólo un granito de arena... Pero ver las caritas de felicidad de esos niños, la ansiedad y el entusiasmo de esas jovencitas para realizar el taller, o la entrega de esas madres que nos confían sus vidas, es lo que nos alienta a seguir apostando que nuestra intervención vale la pena.
Son pequeños-grandes logros.

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