lunes, 14 de septiembre de 2015

• U.E.E.C. EN DIARIO LA NACIÓN •


"Hacían 50 grados de calor. Estábamos frente a un paisaje desolador porque era la tierra, el silencio y la nada misma. Bajamos de la combi y nadie nos esperaba. Llegamos a las 6 de la tarde, estaba cayendo el sol, entonces nos miramos y nos preguntamos ¿ahora qué?" Así recuerda Mariel Melo sus primeros minutos en la comunidad de Morillo-Coronel Juan Solá, en la provincia de Salta, en enero de 2001. Ella y cuatro voluntarios más, todos profesionales y estudiantes de la carrera de Psicopedagogía, habían viajado más de 26 horas desde Buenos Aires para ayudar a una escuelita salteña que tenía serios problemas de repitencia escolar.
Después de que la combi se fue, quedaron solos y los inundó la incertidumbre. Entonces comenzaron a salir de sus casas varias mujeres con sus hijos pequeños, perros y gallinas. El pueblo cobraba vida. Estas mujeres hicieron una ronda alrededor de los cinco voluntarios y una de ellas agarró la mano de Mariel, la miró a los ojos y empezó a rezar agradeciéndole a Dios porque después de una larga espera había llegado la ayuda que tanto necesitaban.
"Cuando poco a poco fuimos conociendo la realidad de Morillo, nos acercamos a una pobreza extrema, un escenario muy crítico en cuanto a la salud- sobre todo en lo pediátrico-, alto grado de desnutrición, situaciones gravísimas de violencia y de abuso sexual infantil, problemas de adicciones, familias sin acceso al agua potable o a la luz eléctrica y un pueblo dividido por diferencias culturales entre criollos e integrantes de la etnia aborigen wichi", relata Mariel.
En 2002, al año siguiente de su primer viaje a esta comunidad, el entusiasmo se contagió: pasaron de ser 5 voluntarios a 45 las personas que quisieron destinar su tiempo, energía y conocimientos para viajar a Salta. Entre ellos: docentes, psicólogos, médicos y veterinarios. Así nació la asociación civil Unidos en el Camino, una organización que brinda espacios de capacitación, asesoramiento y prevención sobre temáticas vinculadas a la salud y a la educación, tales como: asistencia ante dificultades de aprendizaje, prevención de enfermedades, cuidado del cuerpo, charlas sobre maltrato y abuso sexual infantil, primeros auxilios y orientación vocacional y laboral.
El equipo de Unidos en el Camino trabaja para promover una mejor calidad de vida tanto en Morillo como en otras poblaciones vulnerables del país a través de talleres de capacitación y orientación a docentes, niños, adolescentes y familias. Entre una de estas personas se encuentra Eduardo Bertea-más conocido como Lalo- de 59 años, un docente cordobés que se fue a vivir a Salta hace 28 años, movilizado por su vocación y por sus deseos de adentrarse en la cultura wichi.
Lalo destaca el apoyo de Unidos en el Camino: "Valoramos mucho que los voluntarios viajen hasta acá porque vienen con ganas de brindar lo que son, lo que hacen, lo que tienen y sobre todo su formación profesional. Durante su visita, que generalmente dura 5 días, organizan reuniones con docentes, profesores, jóvenes y padres para escucharnos y orientarnos. Esto redunda en que la gente se apropia de las dinámicas y elementos que ellos comparten. Nos ayudan a superar diferentes problemas y, con lo que nos transmiten, poder abordar cuestiones muy profundas, propias de la realidad de la zona."
Al mismo tiempo, Lalo cuenta que la intervención de los voluntarios produjo cambios muy positivos. Hoy no sólo trabajan con la primera institución educativa que conocieron, la escuela Nº 4485, sino que alcanzan a 10 instituciones educativas y han capacitado a más de 400 docentes. "Los jóvenes y sus familias se van apropiando de las herramientas que nos brinda Unidos en el Camino para superar distintas problemáticas. Además, como los jóvenes reciben orientación vocacional, tienen más instrumentos a la hora de decidir su futuro", comenta el docente salteño.
A su vez este educador comprometido explica que los voluntarios hacen un esfuerzo por adaptar sus conocimientos y toda su formación profesional a la realidad del lugar. "Nos sirven mucho los materiales que traen y los análisis que elaboran a partir de los diálogos que tienen con la comunidad. Es muy valioso su aporte, sus ganas y su disposición por ser accesibles a todos".
Además de la intervención en Morillo, desde 2012 Unidos en el Camino ha comenzado a acercarse para trabajar en otras zonas vulnerables ubicadas en la provincia de Buenos Aires, más precisamente en el municipio de Tigre, dentro del barrio Las Tunas, La Costilla y Dique Luján.
Mariel Melo, fundadora y presidente de Unidos en el camino, asegura que las dos palabras que mejor describen el espíritu de esta ONG es "la terca esperanza" y agrega: "Hay una frase que nos quedó desde el primer viaje a Salta: la persona que pisa la huella del wichi queda con el corazón cautivo. Y esto nosotros lo hacemos extensivo y lo ampliamos a todo aquel que pisa la huella del que se quiere acompañar. Ese es el gran desafío y nosotros lo elegimos."
Unidos en el Camino necesita materiales de librería, elementos de higiene para los talleres del cuidado del cuerpo, un proyector y una impresora, además de nuevos profesionales de la salud, la educación, el arte y el marketing que quieran sumarse al equipo. Quienes deseen colaborar con la organización pueden contactarse a info@unidosenelcamino.com .
Para más información www.unidosenelcamino.com


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